El programa reúne las necesidades de la vivienda: quién vivirá en ella, cómo se usarán los espacios y qué limitaciones debe respetar el proyecto. Puede empezar describiendo sus deseos con palabras cotidianas. La arquitecta ayuda a convertirlos en un programa acordado con el que valorar las propuestas.
Describa la vida cotidiana
Explique quién trabaja desde casa, con qué frecuencia se alojan invitados y qué actividades coinciden. Señale dónde necesita silencio e intimidad y qué estancias deben estar bien conectadas. Indique si necesita accesos sin escalones o los espacios de uso diario en una misma planta.
Incluya los muebles, el almacenamiento y las tareas domésticas
Enumere los muebles que desea conservar, los objetos que necesitan almacenamiento específico y cómo organiza la colada y otras tareas domésticas. Estos detalles ayudan a comprobar las dimensiones de las estancias y los pasos. Mencione cambios previsibles, como más trabajo desde casa o visitas familiares más largas.
Acuerde prioridades y explique sus referencias
Distinga los requisitos imprescindibles de las preferencias que podrían revisarse. Comente la superficie deseada, los plazos y el presupuesto, aclarando qué gastos debe cubrir. Cuando los deseos compiten por espacio o recursos, las prioridades acordadas ayudan a decidir.
Añada algunas imágenes y explique qué le atrae de cada una: la luz, los materiales, las proporciones o la relación con el jardín. Así las referencias resultan útiles aunque sus distribuciones no encajen en su parcela.
Para la primera conversación
Describa brevemente un día laborable y un fin de semana en casa, enumere los requisitos imprescindibles y reúna algunas imágenes comentadas. Es suficiente para iniciar la conversación. Después, el programa puede concretarse con la arquitecta a medida que se conozcan mejor la parcela y las posibilidades del proyecto.